Temas para pensar
Elegía al hermano ausente. Ecos de Catulo en Anne Carson
Froylán H.P. · Octubre 2026

En torno al Día de Muertos, preparar una ofrenda es también disponer un lugar para alguien que falta. Una fotografía, una comida o un objeto cotidiano adquieren un sentido particular porque se dirigen a una persona. Ese gesto permite acercarnos a dos obras separadas por más de dos mil años, el poema 101 de Catulo y Nox, de Anne Carson. Ambas nacen de la pérdida de un hermano y de la necesidad de ofrecerle algo cuando el encuentro ya es imposible. En ellas, el texto mismo puede leerse como una ofrenda.
En el siglo I antes de nuestra era, Catulo visitó la sepultura de su hermano en la Tróade, cerca de la antigua Troya, en la actual Turquía. La visita suele relacionarse con su estancia en Bitinia, entre los años 57 y 56 a. C. Desconocemos las circunstancias precisas de aquella muerte. El poema conserva, en cambio, la travesía del sobreviviente. Después de recorrer pueblos y mares, Catulo llega para entregar las ofrendas funerarias de la tradición familiar y hablar ante unas cenizas que no pueden responderle.
Poema 101 de Catulo
Multas per gentes et multa per aequora vectus
Tras recorrer muchos pueblos y muchos mares,
advenio has miseras, frater, ad inferias,
llego, hermano, a estas tristes ofrendas funerarias,
ut te postremo donarem munere mortis
para entregarte el último presente debido a la muerte
et mutam nequiquam alloquerer cinerem,
y hablar, en vano, a tus cenizas mudas,
quandoquidem fortuna mihi tete abstulit ipsum,
puesto que la fortuna te ha arrebatado de mi lado,
heu miser indigne frater adempte mihi.
ay, pobre hermano, injustamente arrancado de mí.
Nunc tamen interea haec, prisco quae more parentum
Pero ahora, entretanto, estas ofrendas que, según la antigua costumbre de nuestros padres,
tradita sunt tristi munere ad inferias,
se entregan como triste tributo funerario,
accipe fraterno multum manantia fletu,
recíbelas, empapadas de las lágrimas de tu hermano,
atque in perpetuum, frater, ave atque vale.
y para siempre, hermano, salve y adiós.
La poesía prolonga ese acto. Aunque los presentes depositados en la sepultura hayan desaparecido, las palabras continúan ofreciendo algo al hermano. Catulo reconoce la inutilidad de hablarle y, sin embargo, lo llama, le pide que reciba sus dones y se despide. El poema hace perdurar el gesto de quien todavía necesita dirigirse a alguien que ha muerto.
Anne Carson vuelve sobre esa necesidad en Nox, publicado en 2010, después de la muerte de su hermano Michael en Copenhague, en el año 2000. Él llevaba décadas alejado de la familia, con contactos escasos e intermitentes. Para Carson, su muerte volvió definitiva una distancia que ya había marcado sus vidas. Recordarlo implicaba acercarse tanto a la infancia compartida como a una existencia adulta de la que sabía muy poco.
La forma del libro permite experimentar esa dificultad. Nox reproduce un cuaderno artesanal mediante una larga hoja plegada en acordeón, guardada dentro de una caja. Al desplegarla aparecen fotografías familiares, fragmentos de cartas, dibujos y pasajes escritos. Las huellas de esos materiales convierten la lectura en un recorrido entre restos de una vida. El libro adquiere así la intimidad de un objeto que alguien ha compuesto para conservar a un ser querido.

El poema de Catulo organiza ese recorrido. Carson descompone el latín palabra por palabra y presenta entradas semejantes a las de un diccionario, con diferentes acepciones y ejemplos de uso. Junto a ellas dispone recuerdos y documentos de su hermano. La traducción y la memoria avanzan en paralelo, pues, mientras busca cómo trasladar una palabra a otra lengua, intenta encontrar cómo decir algo de aquella vida distante.
Traducir un texto tan lejano exige atravesar también la distancia entre formas de vida, costumbres y maneras de sentir. Cada elección recupera algo del poema y deja otros matices fuera, de modo que acercar sus palabras a nuestro presente implica reconocer lo que se resiste a llegar hasta nosotros.
Podemos leer en ese procedimiento una relación entre dos formas de comprender. Examinar todas las acepciones de una palabra no garantiza agotar su sentido; reunir las huellas de una persona tampoco permite reconstruirla por completo. Carson trabaja con esa insuficiencia. Sus fragmentos conservan lo que puede recuperar y dejan visibles los espacios que permanecen abiertos.
De este modo, el poema de Catulo se vuelve parte de una nueva ofrenda. Sus palabras proporcionan a Carson una forma de acercarse a Michael, y la experiencia de Carson permite escuchar de nuevo el duelo del poeta latino. Catulo entrega al hermano unos dones empapados de lágrimas; Carson reúne palabras e imágenes en un libro que puede sostenerse y desplegarse entre las manos. La elegía antigua encuentra otra vida dentro de Nox. En la relación entre ambos textos perdura el gesto de dar forma a algo que todavía pueda dirigirse al hermano perdido.
