Temas para pensar
Cuando el barrio se vuelve premium. La gentrificación de la cultura popular
Escucha al Logos · Septiembre 2026

La gentrificación suele reconocerse cuando el precio de la vivienda se vuelve impagable, los antiguos habitantes abandonan el barrio y aparecen edificios, comercios y servicios destinados a personas con mayor poder adquisitivo. Sin embargo, este proceso no termina en la sustitución de unos residentes por otros. También transforma los alimentos, los espacios de convivencia, las palabras, la música y las costumbres que daban identidad al lugar. Después de expulsar a quienes produjeron una cultura, el mercado puede conservar algunos de sus símbolos, pulirlos, empaquetarlos y venderlos como experiencias de barrio premium.
De la vivienda a la cultura
Vicente Moctezuma Mendoza define la gentrificación como una transformación urbana vinculada con la llegada de habitantes de mayor capacidad económica y el desplazamiento de la población tradicional. Por su parte, Eftychia Danai Bournazou Marcou añade que este proceso surge de inversiones públicas y privadas que incrementan el valor del suelo y el costo de la vida en zonas populares bien localizadas. El resultado no es solamente el aumento de las rentas, pues las tiendas, fondas y servicios cotidianos son sustituidos por establecimientos dirigidos a otro tipo de consumidor. De ahí que la desigualdad modifique simultáneamente el territorio y las formas de habitarlo (López Suárez, 2025).
La vivienda es la condición material del arraigo. Al perderla, una persona no sólo pierde un techo, sino también sus trayectos, sus relaciones vecinales, sus comercios de confianza y una parte de su memoria. Irene Vallejo recuerda en “Castillos en el aire” que la angustia provocada por los alquileres y los desahucios acompaña a la vida urbana desde la antigua Roma. Por ello, su sentencia resulta especialmente vigente cuando afirma que “los precios del alquiler no han dejado de ser letales” (Vallejo, 2021). La expulsión inmobiliaria es, en consecuencia, también una forma de desarticulación cultural.
Un barrio no es únicamente un conjunto de construcciones. También constituye una trama de hábitos formada por la señora que vende comida, el mercado, el saludo entre vecinos, la música que sale de una ventana, el puesto callejero y la manera particular de ocupar la banqueta. Cuando desaparecen las personas que sostienen esas prácticas, el barrio puede conservar su nombre y su arquitectura, pero comienza a perder su vida social.
La gentrificación del taco
Luis Miguel Quijada muestra este desplazamiento simbólico mediante un objeto aparentemente sencillo, el taco. En “La gentrificación del taco” sostiene que esta comida popular no es solamente un alimento, sino una forma de encontrarse y habitar la ciudad. Comer de pie en una esquina, conversar con el taquero, compartir la salsa y participar en el albur son elementos de una práctica cultural que no puede reducirse a los ingredientes servidos en un plato.
El problema comienza cuando esa práctica es extraída de su contexto y convertida en concepto gastronómico. Entonces, el puesto de la esquina se transforma en un establecimiento cuidadosamente diseñado, mientras el taco se presenta como reinterpretación culinaria y la decoración simula una autenticidad popular. Aun así, los precios excluyen a quienes habitualmente formaban parte de esa cultura. Quijada sintetiza esta operación como la “conversión progresiva de lo cotidiano en mercancía, de lo popular en privilegio y de la cultura en escaparate” (Quijada, 2026).
No se paga únicamente por la tortilla, la carne o la salsa, pues también se paga por acceder temporalmente a una versión estetizada del barrio. La cultura deja de ser una práctica compartida y comienza a funcionar como un servicio de autenticidad.
Esta paradoja también es estudiada por Pascale Joassart-Marcelli en The $16 Taco: Contested Geographies of Food, Ethnicity, and Gentrification. A partir de distintos barrios de San Diego, la autora analiza cómo el interés de consumidores de clase media por alimentos considerados “étnicos” puede ser aprovechado por medios, desarrolladores inmobiliarios y empresarios. Las cocinas producidas por comunidades migrantes y racializadas atraen inversiones, pero sus propios creadores terminan enfrentando mayores costos y dificultades para permanecer en los espacios que hicieron culturalmente atractivos. La comida, concluye Joassart-Marcelli, puede producir arraigo, aunque también puede convertirse en un instrumento de desplazamiento (2021).
Cuando el gusto funciona como frontera
Pierre Bourdieu mostró que el gusto no es una elección completamente individual. Aquello que una sociedad considera refinado, auténtico o vulgar se encuentra atravesado por diferencias de clase, educación y capital cultural. Comer, vestir, escuchar música y decorar una casa también son maneras de distinguirse socialmente. Por ello, lo popular puede ser despreciado mientras permanece asociado con las personas pobres, pero adquirir prestigio cuando es seleccionado, reinterpretado y consumido por grupos privilegiados (Bourdieu, 1979).
El taco callejero puede ser acusado de insalubre, mientras que el mismo taco, servido en vajilla artesanal y acompañado por una explicación sobre el origen del maíz, se convierte en cocina de autor. Del mismo modo, el mercado popular puede ser considerado caótico hasta que sus colores y letreros son imitados en una boutique. La música del barrio puede ser calificada como ruido, pero celebrada cuando entra en una galería, un festival o una campaña publicitaria.
El problema no consiste en que otras personas disfruten una comida, una música o una tradición, pues las culturas siempre circulan, se mezclan y cambian. La dificultad aparece cuando esa circulación se organiza mediante una relación desigual, dado que unos producen la cultura, mientras otros controlan su representación, obtienen las ganancias y deciden quién puede consumirla.
Podemos llamar gentrificación de la cultura popular al proceso mediante el cual una práctica colectiva es separada de las condiciones sociales que la originaron, reformulada según los gustos de consumidores con mayor capacidad económica y devuelta como una mercancía más cara, exclusiva y prestigiosa. Aunque el símbolo no desaparezca necesariamente, la comunidad que le otorgaba sentido se vuelve invisible.
Del barrio vivido al barrio representado
El volumen Gentrificación: miradas desde la academia y la ciudadanía, coordinado por Eftychia Bournazou, permite entender que la gentrificación debe examinarse desde la experiencia de quienes permanecen, resisten o son desplazados. El libro reúne estudios sobre la colonia Guerrero, las percepciones ciudadanas en la Ciudad de México, los movimientos urbanos populares y las consecuencias psicosociales de la transformación territorial. De esta manera, el barrio aparece no como una superficie disponible para la inversión, sino como un espacio de pertenencia, conflicto y memoria (Bournazou, 2017).
La gentrificación cultural convierte el barrio vivido en barrio representado. Se conservan murales, fachadas, recetas y nombres populares porque aportan valor comercial, pero se debilitan las relaciones sociales que los sostenían. En consecuencia, el vendedor se vuelve decoración, la vecindad se convierte en escenografía, la pobreza en una estética y la historia colectiva en una estrategia de mercadotecnia.
Aun así, no toda renovación urbana ni toda transformación cultural deben identificarse automáticamente con la gentrificación. Una colonia puede mejorar sus servicios sin expulsar a sus habitantes y una tradición puede cambiar sin perder su carácter comunitario. Por ello, la pregunta decisiva consiste en determinar quién controla la transformación, quién obtiene sus beneficios y quién puede permanecer después de ella.
Si las mejoras producen desplazamiento, si la cultura local sólo se conserva como marca y si los habitantes originales ya no pueden acceder a los espacios que ayudaron a construir, entonces la transformación no representa un progreso compartido. Por el contrario, constituye una apropiación desigual del territorio y de su memoria.
El derecho a seguir produciendo cultura
Defender la cultura popular no significa inmovilizarla ni convertir el barrio en un museo. Significa garantizar que las comunidades puedan seguir transformando sus propias prácticas sin ser expulsadas por el valor económico que éstas generan.
Esto requiere políticas de vivienda social, regulación de los alquileres, cooperativas de vivienda y mecanismos que protejan el arraigo comunitario, como han sugerido Bournazou y Moctezuma. También demanda proteger mercados, fondas, puestos callejeros, espacios culturales independientes y pequeños comercios. Asimismo, supone reconocer el trabajo de quienes producen la identidad del barrio y evitar que la noción de “rescate” cultural sirva para justificar el despojo.
La cuestión central no consiste en decidir si deben existir cafeterías nuevas, restaurantes de autor o proyectos culturales. En realidad, debemos preguntarnos si su llegada amplía la vida común o la sustituye, si dialogan con el barrio o solamente utilizan su imagen y si permiten la participación de sus habitantes o convierten su presencia en un inconveniente.
La gentrificación alcanza su forma más acabada cuando logra vendernos aquello que previamente nos quitó, pues primero vuelve inhabitable el barrio y después comercializa su nostalgia. Nos ofrece una versión limpia, segura y fotografiable de la cultura popular, pero sin conflicto, sin precariedad y, sobre todo, sin las personas que la crearon.
Frente a ello, defender el barrio significa algo más que conservar edificios, pues implica proteger el derecho de sus habitantes a permanecer, encontrarse, cocinar, hablar, celebrar y producir nuevas formas de vida compartida. Una cultura que sólo puede contemplarse desde una mesa reservada ha dejado de ser verdaderamente popular y se ha convertido en escaparate.
Referencias
Bourdieu, Pierre. La distinction. Critique sociale du jugement. París, Les Éditions de Minuit, 1979.
Bournazou, Eftychia, coord. Gentrificación: miradas desde la academia y la ciudadanía. Ciudad de México, Facultad de Arquitectura, Universidad Nacional Autónoma de México, 2017.
Joassart-Marcelli, Pascale. The $16 Taco: Contested Geographies of Food, Ethnicity, and Gentrification. Seattle, University of Washington Press, 2021.
López Suárez, Patricia. “La gentrificación está llegando a sus límites en colonias tradicionales”. Gaceta UNAM, 7 de agosto de 2025.
Quijada, Luis Miguel. “La gentrificación del taco”. La Jornada Semanal, núm. 1647, 27 de septiembre de 2026.
Vallejo, Irene. “Castillos en el aire”. El País Semanal, 31 de julio de 2021.
