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Crítica de cine

El laberinto del fauno o el triunfo de la imaginación

Froylán H.P. · Octubre 2026

El laberinto del fauno o el triunfo de la imaginación

A veinte años de su estreno, El laberinto del fauno (2006), escrita y dirigida por Guillermo del Toro, regresa a las salas mexicanas con una versión en 3D. Su reparto reúne a Ivana Baquero como Ofelia, Sergi López como el capitán Vidal, Ariadna Gil como Carmen, Maribel Verdú como Mercedes y Doug Jones como el fauno y el Hombre Pálido. Ambientada en la España de 1944, bajo la dictadura franquista, la película entrelaza la represión militar con la experiencia fantástica de una niña. Desde su comienzo, el relato adopta la forma de un cuento de hadas, de modo que la ficción abre un horizonte desde el cual comprender y juzgar la violencia del mundo histórico, pero también imaginar cómo podría ser distinto.

El capitán Vidal permite dialogar críticamente con la banalidad del mal de Hannah Arendt. Al examinar a Eichmann, Arendt señaló una incapacidad de pensar y juzgar que permitía participar en una maquinaria criminal sin interrogar moralmente los propios actos. Vidal comparte esa renuncia al juicio cuando convierte la obediencia, la jerarquía y el orden en justificaciones de la violencia. Sin embargo, su crueldad deliberada desborda la figura del funcionario irreflexivo, pues disfruta la dominación y se identifica activamente con el poder que ejerce. Su personaje permite reconocer cómo la normalización del mal puede convivir con una voluntad consciente de humillar y destruir. Frente a él, la negativa del médico a obedecer sin cuestionar afirma una responsabilidad que ninguna orden puede cancelar.

Carmen, Mercedes y Ofelia encarnan distintas respuestas a ese orden opresivo. En Carmen, la sumisión se encuentra ligada a la vulnerabilidad y a la esperanza de obtener protección mediante su matrimonio; su tragedia muestra el costo de buscar seguridad dentro de una autoridad que la reduce a su función materna. Mercedes convierte su posición subordinada en una oportunidad para resistir, pues sostiene sus ideales, ayuda a los guerrilleros y arriesga la vida para combatir al régimen. Ofelia lleva esa resistencia a su expresión moral más exigente. Su inocencia y la pureza de su alma se manifiestan en la capacidad de reconocer un límite incluso dentro del mundo fantástico, cuando el fauno le exige la sangre de su hermano y ella se niega, aunque obedecer le permitiría recuperar su reino. Víctima de la opresión fascista, rechaza reproducir sobre alguien más vulnerable la violencia que ella misma padece.

Esta decisión permite comprender la fuerza transformadora de la ficción y de la imaginación. En Heterocósmica. Ficción y mundos posibles, Lubomír Doležel propone comprender la ficción como construcción de mundos con sus propios seres, acontecimientos y posibilidades. Podemos leer, entonces, el universo fantástico de Ofelia como un mundo que ofrece otras condiciones para la existencia y otro horizonte para la acción. Los cuentos le proporcionan un lenguaje para reconocer pruebas, peligros y promesas, pero ella conserva la libertad de juzgar las exigencias de ese universo. Su imaginación hace concebible otro mundo posible y su decisión de proteger al inocente comienza a realizar sus valores en el mundo que habita. La realidad humana se configura también mediante nuestras valoraciones, porque aquello que consideramos digno de cuidado, legítimo o intolerable orienta nuestras acciones y da forma a nuestras relaciones. Así, la posibilidad abierta por la ficción adquiere una primera expresión concreta en sus actos.

El desenlace enlaza esa posibilidad con la realidad mediante la flor que brota del viejo árbol al que Ofelia había liberado del sapo gigante. El reino fantástico da forma al reconocimiento de su libertad, mientras la flor permite interpretar que su triunfo ha trascendido hasta el plano de la realidad compartida. Aquí resulta esclarecedora la propuesta de Kant, quien sostiene en el § 59 de la Crítica del juicio que lo bello es símbolo del bien moral. Siguiendo esta idea, la belleza de la flor puede leerse como la expresión sensible del valor de sus acciones, pues algo vivo permanece gracias a su cuidado. Aquel mundo posible encuentra una continuidad en la vida que ella ayudó a preservar. Su muerte conserva toda su injusticia, pero la violencia no consigue borrar cuanto hizo posible. En esa pequeña flor, lo bueno y lo bello trascienden su existencia individual, porque la imaginación ha contribuido a transformar el mundo, y algo de Ofelia permanece allí donde la vida vuelve a florecer.

Postal conmemorativa del 20.º aniversario de El laberinto del fauno: regreso a salas en 3D.
Postal conmemorativa del 20.º aniversario de El laberinto del fauno: regreso a salas en 3D.

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